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martes, 29 de agosto de 2017

Columna Invitada..FUERA DE CÁMARA La ciencia política

César Medina
Lobarnechea1@hotmail.com
 “Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”.
Maquiavelo.
Desde niño he escuchado decir -¡y de eso hace tantísimos años!-, que “la política es sucia”. Pero la verdad es que la política es una ciencia tan antigua como la humanidad misma, aunque fue en el siglo XV -en pleno Renacimiento-, cuando el genio italiano Nicolás Maquiavelo le dio categoría sublime en su obra magistral: El Príncipe.
Quienes “ensucian” la política son aquellos que la ejercen para lucrarse de ella porque la utilizan como mecanismo de ascenso social y económico, y en el mejor de los casos para inflar sus egos. Porque el ejercicio político está vinculado muy estrechamente a la figuración pública como elemento de proyección social.
Cuando se la ve como ciencia, la política también está imbricada con la historia, con la economía y con la sociología, aunque con el paso de los siglos la ciencia política ha quedado enmarcada “en el análisis del ejercicio del poder, de la gestión de los gobiernos, en el proceso eleccionario y en el régimen de los partidosÖ”, según su definición académica.

Las sociedades desarrolladas delegan el ejercicio de la política en profesionales de la política a través de sus sistemas de gobierno: dinástico, democrático, socialista, oligárquico, con sus diversos matices. Pero en el tercer mundo -donde estamos nosotros-, el hombre se subordina a los partidos políticos y queda a su merced para escalar posiciones de mando público, su objetivo único.
Y para lograr eso, no sólo dice mentiras sino que calla verdades, escala sobre los escombros de sus compañeros, se abre espacio con los codos y su verbo, mientras más flamígero e insustancioso, más lejos llega. O sea, “ensucia” la política.
Y entonces... las encuestas
Aquí he llegado para asumir el tema exactamente donde lo dejé ayer: las encuestas, el otro tipo de encuesta, la de gabinete, la que se hace a medida o se compra a conveniencia, que no debe confundirse nunca con las encuestas profesionales que deben utilizarse como herramienta para que el liderazgo pueda identificar debilidades más que caer envanecido por fortalezas supuestas.  Aquí hay firmas encuestadoras muy buenas. Existen franquicias internacionales operadas por profesionales dominicanos de mucha acreditación y prestigio.
De los que trabajan “freelance”, bastaría citar a dos: José-Dorín-Cabrera y Leonardo Aguilera. Han sido ellos -dejando fuera las franquicias internacionales-, quienes con mayor seriedad y eficiencia han orientado candidaturas importantes los últimos años.
El trabajo de Dorín hay que reconocerlo desde que asumió por primera vez la asesoría política y el estudio del mercado electoral hace cuatro décadas, en la primera campaña presidencial de Salvador Jorge Blanco. En todo ese tiempo ha tenido la oportunidad de trabajar en la asesoría de varias candidaturas importantes, algunas con aciertos y otras que han quedado en el camino. Pero todas bien asesoradas.
Aguilera trasciende
La fama de Aguilera y el Centro Económico del Cibao trasciende nuestro país. Ha trabajado algunas candidaturas presidenciales latinoamericanas, y varias han ganado el poder. Ahora mismo asesora a Luis Abinader a pesar de que en el proceso anterior terminaron peleados porque el candidato quería oír lo que el asesor no le podía decir: ¡Que iba a ganar!
Un candidato impetuoso y de escasa disciplina como Abinader, difícilmente se pueda someter a las recomendaciones que le hace su asesor de imagen. Es lo que preludia un rompimiento con Aguilera, quien le ha servido a la familia Abinader desde hace muchos años.
Nunca candidato pretencioso y encuestador eficaz ha hecho buenas migas. El candidato siempre quiere ver buenos números, aunque no existan, y el encuestador tiene un deber con la ética y un compromiso con la honestidad, valores inexistentes en esos litorales.