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jueves, 3 de marzo de 2016

El “galloloquismo” de la oposición....



Soraya Castillo

Tal y como había predicho en entregas anteriores, según avanza la campaña electoral, en ese mismo tenor van subiendo los ánimos de dirigentes políticos altos y medios, que no siempre tienen la capacidad de entender este proceso como una fiesta de la democracia.

En este tramo de la contienda electoral, las provocaciones y acusaciones infundadas sustituyen las propuestas que diez millones de dominicanos esperamos sean presentadas y discutidas, por quienes aspiran a dirigir los destinos de nuestra nación.

Estos pronunciamientos desafiantes, vacíos, sin substancia, se repiten día tras días, hora tras hora, inundando los medios de comunicación y causando el hastío de ciudadanos que exigen una clase política realmente comprometida con el desarrollo y los mejores intereses de esta nación.

Esta actitud tiende, entonces, a caldear los ánimos de dirigentes y simpatizantes de las fuerzas políticas que miden su capacidad de aceptación y convencimiento ante el electorado.


Sin embargo, resulta sorprendente que esta actitud provenga de un candidato presidencial, que es la figura a quien un buen número de personas asumen como poseedor del comedimiento necesario para abordar los problemas que nos aturden, con un alto nivel académico e intelectual.

Aquí hablo del candidato del opositor Partido Revolucionario Moderno (PRM), Luis Abinader, quien sin medir las consecuencias de sus palabras arremete contra todo lo que huela a gobierno o a su principal ejecutivo, el presidente Danilo Medina.

Denuncias de corrupción, sospechas irrazonables y críticas alegres, sin aportar pruebas que las sustenten, están a la orden del día en el discurso de este candidato, que intenta promover su proyecto político con un estilo que más que convencer solo provoca desconfianza e incertidumbre en el electorado.

Quizás sea este proceder, muy ajeno a la altura que debe mantener un candidato presidencial, una de las razones por las que el presidente Danilo Medina no se motiva a ir a un debate público con el aspirante del PRM.

En política, y mucho menos en temporada electoral, jugar al “galloloquismo” tiene consecuencias funestas o devastadoras, para quien se aventure a poner en práctica esta manera dislocada de ganar adeptos.

Y todo esto se hace en nombre de la democracia, que de acuerdo al sistema de creencia de no pocos ciudadanos es un sistema de gobierno que todo lo resiste, incluso el desorden programado o deliberado con fines malsanos.

Dirigir un Estado no es juego de niños. Se requiere de capacidades extraordinarias que sitúen a un gobernante en la categoría de ser el primero entre sus iguales. Por esta razón, solo el tiempo tiene el poder supremo de medir los errores que suelen cometerse en política, que muchas veces son irremediables e irreversibles.

Los ciudadanos sensatos reclaman discursos creíbles y cimentados en propuestas bien fundadas sobre la realidad que los afecta. Cómo resolver aquellas situaciones que nos han mantenido en un letargo histórico y lesivo para el bienestar de millones de personas, debería ser el punto de partida para una oposición política con aspiraciones de alcanzar el poder.

Por eso, una vez más reafirmo mi compromiso de seguir avanzando por la senda del progreso compartido, al lado de un hombre que como el presidente Danilo Medina, a pesar de ser víctima de una y mil calumnias para restarle méritos a su majestuosa obra de gobierno, mantiene el equilibrio mental y emocional que identifica a los políticos correctamente formados. -