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jueves, 15 de octubre de 2015

Por qué todo el mundo quiere ir a La Habana

Hacia la medianoche, el subsuelo de uno de los clubes de moda en La Habana está repleto de gente para un concierto de uno de los cantantes del momento en Cuba.


Entre elegantes jóvenes cubanos y turistas canadienses y europeos panzones asoma el dueño de uno de los principales restaurantes de Nueva York, quien comenta su proyecto de abrir un nuevo hotel boutique en La Habana. En el bar, un inversionista suizo cuenta su reunión con dirigentes del Partido Comunista para hablar sobre la construcción de un puerto para yates. Una muchacha de 25 años de Ohio que hace de guía de turistas estadounidenses saca un iPhone y le muestra a sus clientes fotos de la mansión sobre el mar donde al día siguiente cenarán paella.

Los extranjeros que visitaban la capital eran casi siempre europeos de pocos medios o estadounidenses de izquierda deseosos de ver las granjas orgánicas y las clínicas barriales. Diez meses después de que Estados Unidos y Cuba pusieron fin a medio siglo de hostilidades el ambiente ha cambiado en La Habana.

La ciudad recibe numerosas celebridades que vienen a divertirse y administradores de hedge funds que exploran las posibilidades de ganar millones en uno de los últimos bastiones del comunismo. Para muchos la llegada de dinero de Estados Unidos parece inminente, casi inevitable, es una sensación que se palpa en el aire, al menos entre las clases privilegiadas. Si bien la mayoría de los cubanos observan todo esto desde afuera, la alta sociedad de La Habana se prepara para una especie de fiebre del oro, la percepción de que Cuba es el centro del universo, algo que no se vivía en la isla desde que Fidel Castro bajó de las montañas en 1959 y expulsó a los extranjeros que veían a La Habana como su recreo tropical.

“La próxima gran burbuja va a ser la vida nocturna. Así fue en Cancún”, comentó Ziad Chamoun, propietario de restaurantes y locales nocturnos de Boston dedicado ahora a la importación de vino, que bebía champagne en una mansión sobre el mar un sábado por la tarde junto a cinco amigos, incluido el director de uno de los fondos que invierten en mercados emergentes más grande del mundo.

“Estamos hablando de abrir un nightclub aquí, algo tipo europeo con mucha energía, DJ’s, VJ’s, rayos láser, música y baile”, dijo Chamoun. “Queremos ser de los primeros, no seguir a los demás”.

En el 2013, una visita rápida de Beyonce y Jay-Z exasperó a legisladores republicanos y motivó una investigación del gobierno estadounidense.

En semanas recientes, la única reacción a las visitas de numerosos ricos y famosos ha sido el revuelo de los cubanos que tratan de sacarse selfies con las celebridades.

Mick Jagger y Katy Perry estuvieron aquí la semana pasada, cada uno por su cuenta. Vanity Fair acaba de sacar una edición en cuya tapa publica fotos de Rihanna tomadas por la famosa fotógrafa de celebridades Annie Leibowitz en La Habana. Un popular chef de la Ciudad de México está buscando un local para abrir un restaurante en La Habana. Usher y Ludacris anduvieron por aquí. Jimmy Buffet tocó en un concierto privado para amigos.

Las agencias de viaje que pasean a los estadounidenses han dado paso a consultoras sobre inversiones. Y los cubanos con dinero o con contactos que la mandan dinero de afuera están remodelando viviendas y construyendo pequeños hoteles con restaurantes caros y salas de conferencia para empresarios.

“El Año Nuevo es el día en que toda La Habana conmemora la revolución”, expresó un individuo de North Palm Beach en una carta que envió por correo electrónico a sus clientes la semana pasada promocionando los viajes a Cuba. “Llame hoy para no tener que contentarse con San Bartolomé o Aspen”.

Hannah Berkeley Cohen vino por primera vez a Cuba a estudiar marxismo y leninismo como parte de un programa de estudios en el extranjero de la Universidad de Pittsburgh. Después de trabajar como periodista freelance y guía para clientes que describe como “izquierdistas y socialdemócratas de New England”, ahora pasa al menos tres semanas por mes paseando a estadounidenses adinerados por los clubes nocturnos de La Habana de noche y mostrando viviendas que se vienen abajo en las que se puede invertir de día.

“La clientela de hoy viene con las mejores ideas para ganar millones en Cuba”, dijo Cohen. “Todos quieren venir antes que los demás”.

La aparición de clubes y bares caros en La Habana no es bien vista por muchos cubanos que consideran que la igualdad es uno de los pilares de la revolución y ahora ven cantidades de extranjeros y de cubanos adinerados que gastan en una noche mucho más que el sueldo de aproximadamente 30 dólares mensuales que percibe el cubano promedio.

“Este cambio resulta dramático para un gran mayoría que tenía una mentalidad de que todo el mundo tenía acceso a todo”, explicó Octavio Borges Pérez, crítico cultural de la agencia noticiosa estatal. “Resulta chocante para muchos que de acuerdo a tu poder adquisitivo estás en ciertos lugares”.

En el pequeño círculo de académicos y guías turísticos que se interesaban en Cuba antes del deshielo, el conocimiento de las complejidades de la isla no tenían demasiado valor. Ahora, sin embargo, todo aquel que sepa de la isla se ofrece como consultor de firmas grandes.

Collin Laverty dirige una de las empresas estadounidenses más conocidas y respetadas que organizan viajes educativos a Cuba, los cuales estuvieron permitidos incluso cuando los norteamericanos tenían prohibido viajar a la isla si no tenían alguna justificación válida. En julio creó una nueva firma llamada Havana Strategies para hacer frente a la creciente demanda de asesoría de inversiones.

Laverty dijo que recibe muchas llamadas de “todo el mundo, desde gente que quiere vender tuberías y tractores hasta gente que programa cruceros, quiere abrir hoteles u organizar triatlones y conciertos. Es increíble. Hay interés en todos los sectores”.

Julia Sweig, experta en Cuba que trabajó en el Consejo de Relaciones Exteriores, y Phil Peters, director del Centro de Investigaciones sobre Cuba de Virginia, fundaron D17 Strategies, una firma consultora cuyo nombre alude al día en que los presidentes Barack Obama y Raúl Castro anunciaron el inicio del deshielo, a mediados de diciembre del año pasado.

“La gente interesada en Cuba, siempre fue un ejercicio académico”, expresó Ted Henken, experto en Cuba del Baruch College que viajó recientemente a la isla con un ex director administrativo de Goldman Sachs en busca de oportunidades para invertir en tecnología en el sector privado de Cuba. “Ahora existe la posibilidad de que uses tus conocimientos y tus contactos en algo que tiene un valor económico práctico y, en un plano más egoísta, te rinde dividendos”.

El gobierno cubano no ha anunciado grandes acuerdos con empresas estadounidenses por ahora y Tom Popper, director de la agencia de viajes cubana insightCuba, dijo que una reciente conversación con el presidente cubano Raúl Castro le hace pensar que Cuba no piensa cortejar esas inversiones.

Los dos charlaron brevemente durante la visita de Castro a Nueva York para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas el mes pasado y el mandatario le dijo que “Cuba sigue depositando su confianza en las empresas estadounidenses que han trabajado durante mucho tiempo en Cuba”, según relató Popper.

“Explicó que la amistad y la confianza son algo que toma tiempo, que no es un privilegio”, acotó. “Indicó que esta nueva era empezó bien, pero que queda mucho por hacer”.
Fuente: elnuevoherald.com